Capablanca Dijo:

"El buen jugador siempre tiene suerte."

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Vida y Obra de Capablanca

Por: Jesús González Bayolo

¿Dónde está Capablanca?

EJERCE SU GOBIERNO EN LAS CALLES DEL MUNDO

¿Dónde está Capablanca?, se preguntó en vida del ajedrecista Campeón del Mundo el poeta nacional cubano Nicolás Guillén, en versos del antológico poema Deportes. Y respondió: Capablanca no está en su trono, sino que anda, camina, ejerce su gobierno por las calles del mundo. Así fue no sólo durante su reinado entre 1921 y 1927, sino desde antes y hasta su muerte en Nueva York el 8 de marzo de 1942.

Más aún, diríamos que todavía hoy, que en cualquier confín del universo cuando alguien ha conducido una partida de forma magistral, el mayor elogio es que le digan que ha jugado como Capablanca. José Raúl Capablanca Graupera discute con Robert Fischer y Garri Kasparov la condición de mejor ajedrecista del Siglo XX… y de todos los siglos, pero además fue uno de los deportistas más sobresaliente de Cuba en la centuria recién concluida. Nació en La Habana en 1888, el 19 de noviembre, y es por ese motivo que la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) instituyó el de su onomástico como Día mundial del ajedrez.

EL NIÑO PRODIGIO

Su irrupción en el universo de Caissa parece cosa de un cuento de hadas, pero tiene una base real, que es la popularidad del ajedrez en La Habana, en las postrimerías del Siglo XIX. La capital cubana fue dos veces visitada por el primogénito de los niños prodigios del ajedrez, el norteamericano Paul Charles Morphy, y cuatro años después de su muerte nació el segundo niño prodigio del ajedrez mundial. El primer campeón mundial fue el austríaco William Steinitz, en 1886, y la primera defensa de su título la hizo en La Habana, en 1989, frente al padre de la escuela rusa, Mijail Chigorin.

Por entonces Steinitz bautizó al Club de Ajedrez de La Habana -creado en 1885- y por ende a la ciudad como El dorado del ajedrez. Casi todos los maestros de primera línea en el mundo de la época fueron huéspedes del club. Steinitz aceptó el reto de Chigorin para un segundo duelo en la misma sede, y tal pleito ocurrió en 1892. Estos acontecimientos provocaron el clima propicio para el surgimiento del genio, narrado por el propio José Raúl en su libro My chess carrer de esta manera: “Apenas iba a cumplir cinco años cuando por accidente entré a la oficina de mi padre y lo encontré con otro caballero.

Nunca había visto un juego de ajedrez; me interesé y volví al día siguiente a verlos jugar. Al tercer día, mientras observaba, mi padre, apenas un principiante, movió un caballo de un cuadro blanco a otro del mismo color. Su adversario -sin dudas del nivel similar- no se dio cuenta. Mi padre ganó y entonces yo le dije que era un hombre tramposo y me reí. Me preguntó qué sabía yo de ajedrez, a lo cual repliqué que podría ganarle la partida. Mi padre me dijo que era imposible, pues me consideraba incapaz de colocar las piezas. Sin embargo, ensayamos y le gané

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